Primero debe decidir el año, puesto que
puede realizar la peregrinación en un Año Santo. Después, la estación: tres de cada cuatro
peregrinos eligen el verano para marchar a Santiago. Las vacaciones y el
buen tiempo son las razones de este movimiento veraniego. La mejor época
para ir a Santiago es la primavera, mayo o junio, cuando comienza a hacer
buen tiempo y no hay gran masificación en los refugios del Camino.
Septiembre es también un buen mes. Eso sí; no está asegurado el buen
tiempo como en verano. De octubre a abril marchan sólo el 4% de los
peregrinos, debido al frío, la lluvia, el barro e incluso la nieve.
En verano, hay que tener en cuenta que
la mayoría de los peregrinos comienzan a principios de mes en
Roncesvalles. Es lo que se conoce como "la ola" del Camino, que
vendría a ser los atascos de la operación salida de tráfico en hora
punta. La primera ola comienza el fin de semana más cercano al 1 de julio
en Roncesvalles y acaba a fin de mes en Santiago. La segunda ola, peor si
cabe, comienza hacia el uno de agosto y llega a Santiago entre el 25 y el
30.
En estas olas, en cuestión de tres días
puede haber más de dos mil peregrinos, por lo que los refugios quedan
completamente saturados. Si se va a comenzar en Roncesvalles por esas
fechas, es recomendable, como en la operación salida de tráfico,
escalonar la peregrinación e intentar comenzar antes o después de esos días
complicados. Se está haciendo frecuente la costumbre de hacer pequeños
tramos sueltos, acomodándolos a las circunstancias de tiempo y capacidad
de los romeros, práctica que se aconseja de nuevo especial a las personas
con discapacidad.
En cualquier circunstancia, resulta
desaconsejable para una persona con discapacidad iniciar la peregrinación
en invierno o en época lluviosa, como la primavera, en que las
dificultades con las que puedan toparse son siempre mayores, por lo que el
tema de la impedimenta lo recogemos pensando más bien en los meses
veraniegos.