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EL CAMINO DE SANTIAGO

A finales del siglo VIII se difunde en el noroeste de la Península Ibérica la leyenda de que Santiago el Mayor había evangelizado y había sido enterrado en estas tierras, y comienza a rendirse culto al Apóstol en un lugar cercano a la ciudad episcopal de Iria Flavia, hoy Padrón, donde se halla situado un cementerio de época romana. Muy pronto, la noticia de este culto es conocida en toda la Europa cristiana y los primeros peregrinos llegarán hasta Compostela, (Campus Stellae) nombre dado al lugar del sepulcro.

Algunos creen que Prisciliano fue enterrado en estos lugares cuando trajeron su cuerpo desde Tréveris (Alemania), mientras otras fuentes dicen que fue enterrado cerca de Astorga (León). Según los primeros, el sepulcro de Santiago puede ser tumba de Prisciliano, aunque las fechas en las que vivieron uno y otro no coinciden.

El descubrimiento del sepulcro coincide con la llegada al reino asturleonés de mozárabes huidos de las zonas dominadas por los musulmanes y deseosos de manifestar claramente sus creencias religiosas.

El número de peregrinos aumenta extraordinariamente a partir del siglo XI, cuando la población europea logra salir del aislamiento de épocas anteriores e inicia una serie de contactos e intercambios que, en el campo religioso, llevarán a hacer de la peregrinación la forma más difundida de devoción. Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela serán los grandes objetivos: todos los caminos llevan a Roma; los cruzados y las ciudades marítimas italianas abren la ruta de Jerusalén, y los monarcas de Navarra, Aragón, Castilla y León facilitan el viaje a Santiago mediante la construcción de puentes, reparación de caminos, y construcción de hospitales.

Años más tarde, el carácter apostólico de su iglesia y las riquezas acumuladas gracias a los peregrinos permitirían a un obispo emprendedor, Diego Gelmírez, convertir su sede en arzobispado.

Aunque los caminos por los que llegan los fieles a Santiago son muy numerosos, una de las vías llegará a convertirse en el Camino por antonomasia. Es el camino francés cuya parte en España se inicia en los puertos de Somport (via tolosana) o de Roncesvalles (Navarra), desde donde los viajeros se dirigen a Puente la Reina (Navarra), pasando, en el primer caso, por Jaca (Huesca), Sangüesa (Navarra) y Monreal (Navarra), y por Pamplona en el segundo. 

Unidos en Puente la Reina, los peregrinos siguen por Estella, Monjardín, Logroño (La Rioja), Nájera, Santo Domingo de la Calzada, Belorado, Burgos (donde confluye la vía menor que, desde Bayona (Francia), cruza por Tolosa (Guipúzcoa), Vitoria, Miranda de Ebro y Briviesca). 

Las etapas a partir de Burgos pasan por Castrojeriz, Frómista, Carrión de los Condes, Sahagún, León (una parte de los peregrinos se desvía hacia Oviedo (Asturias) para seguir luego el camino de la costa hasta Santiago de Compostela), Astorga, Ponferrada, Villafranca del Bierzo, Cebrero, Portomarín, Palas del Rey y Santiago de Compostela. A lo largo del camino, se construyen iglesias y hospitales bajo la advocación de Santiago y otras advocaciones muy consideradas en los siglos XI y XII. Todavía podemos ver en las poblaciones del Camino la "calle del Camino" o la "iglesia de Santiago" que indican por dónde atravesaba el recorrido medieval.


EL CAMINO MODERNO

Tras las Edades Media y Moderna, el Camino va perdiendo importancia. Para el Año Santo Compostelano de 1993, el gobierno autónomo gallego decidió potenciar su valor como recurso turístico, no sólo para el peregrino religioso y lanzó la campaña Xacobeo 93, restaurando la ruta y las infraestructuras para peregrinos. Logró la colaboración de las comunidades por las que atraviesa el Camino. Desde entonces, hacer el recorrido a pie, en bicicleta o a caballo es un destino popular que reúne lo religioso, espiritual, deportivo, cultural, económico, etc., tal y como ha venido ocurriendo desde el principio a través de los siglos.

SANTOS Y PRIVILEGIOS

El Camino genera nuevos santos y leyendas de milagros. Un ejemplo es Santo Domingo de la Calzada, que dedicó su vida a servir a los peregrinos. El privilegio concedido, y confirmado por Alejandro III, consiste en que el año en que el 25 de julio, fiesta de Santiago el Mayor, cae en domingo se podrán ganar en la Iglesia de Compostela las mismas gracias que se ganan en Roma los años jubilares, que allí suelen coincidir cada 25 años. Se trata de la bula de concesión más antigua que conservamos, la Regis aeterni, fechada en 1179. Ella misma alude a que confirma un privilegio del Papa Calixto II (1118-1124). Este Papa, hermano de Don Raimundo de Borgoña y, por lo tanto, tío del rey Alfonso VII, fue un gran benefactor de la Iglesia de Compostela.

(fuente: wikipedia.org)

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